Nosotras nos atrevimos… ¿y tú? (VI)

El primer paso ya estaba dado, Laura se iba a vivir a casa de Anna, sus hijos ya lo sabían. ¿Cómo se lo tomaría el resto de la familia?

***

family-patchworkLa parte familiar también fue dura. Justo antes de que Laura se viniese a vivir a casa hablé con mi madre, quien ya se imaginaba algo gracias a mi ex pareja. La primera vez que me separé le confesé que creía que siempre me habían gustado las mujeres, confié en él contándole mis historias de pequeña y casi adolescente y, en lugar de ayudarme, intentar comprenderme y dejarme ir, le faltó tiempo para explicárselo a mis padres. Por aquel entonces, mi madre no estaba bien de salud, tuvo una grandísima crisis de ansiedad, lo que provocó que se enterrara el tema… y nunca más se volvió a hablar de ello.

Pero esta última vez yo ya tenía claro que pasase lo que pasase no iba a dar ni un paso atrás. Cuando le dije que estaba con Laura me sorprendió diciéndome que yo seguía siendo su hija, que me quería y quería que fuese feliz porque me había visto mal mucho tiempo, aunque nunca me había dicho nada, aparte de recomendarme distintos psicólogos y psiquíatras.

Llegó el momento de decírselo a mi padre. Lo cité a solas para tomar un café y le empecé a hablar de Laura, aunque mi madre ya le había dicho algo. Él me cambiaba de conversación cada vez que podía y yo volvía a sacarla, hasta que por fin le dije que íbamos a vivir juntas y que quería saber su opinión. Me contestó que para él la bandera española siempre había sido roja y amarilla y que ahora le costaba mucho verla lila y verde. Curiosa comparación ¿no?

Yo de cada conversación que tenía con alguien necesitaba una inyección de positivismo de Laura. Comentarlo con ella y tener su perspectiva me daba mucha fuerza para seguir dando pasos. Ella llevaba años luchando y había soportado increpaciones de gente, desplantes, incluso la habían echado de un taxi por besarse con una chica, hasta le habían escupido.

Fueron pasando los días y llegó el momento que tanta ilusión nos hacía, empezamos a pensar en un día para hacer el traslado. Nos íbamos de viaje a Milán para su cumpleaños el fin de semana del 30 de abril y acordamos que a la vuelta ya no nos separaríamos.

Por aquel entonces Laura ya me pidió, antes de venir a vivir a casa, que  me casara con ella, yo no me lo pensé dos veces. ¡¡Dos mujeres que hasta ahora no creían en el matrimonio se iban a casar!! A pesar de las piedras que nos quedaban por apartar de nuestro camino éramos SUPER-FELICES.

Y empezamos la convivencia, que, como es lógico, para todos fue un poco dura. Ni David ni Paula hablaban demasiado con Laura. Cada día era un reto para nosotras, y cada día que poníamos la llave en la puerta para entrar en casa después del trabajo pensábamos – A ver qué tal nos va el día de hoy en casa… -.

Encima, ese mismo verano pensamos en ir los cuatro juntos una semana de vacaciones, pensando que con una semana de ocio se podían suavizar las cosas… y nos fuimos a Peñíscola.

Buscamos un hotel bonito y animado para los niños, pero no es que les apeteciese salir mucho de la habitación. No tuvimos ni un respiro a solas, ya que la pequeña, Paula, no se despegaba de mí, pero solo quería estar conmigo, sin Laura… hasta ducharse conmigo, dormir conmigo, bufff… ¡¡Fue muy estresante!!

Al principio David lo llevaba mejor que Paula, que nos lo ponía muy difícil cada día, no paraba de llamar la atención, no soportaba vernos juntas, no quería ir a ningún sitio con las dos, nos quería separar en todo momento. Un día incluso arañó a Laura en la mano porque la quería sacar de mi lado para ponerse ella. David, en cambio, estaba más tranquilo entonces, a veces entretenía a su hermana y su actitud nos servía más de consuelo.

Además, tuvimos la genial idea de coger solamente una habitación familiar, los cuatro juntos, era muy grande eso sí, pero juntos… ¡¡¡¡Qué valor tuvimos y que valientes fuimos!!!! Fue una semana interminable, entramos por la puerta de casa los cuatro como si viniéramos de la guerra. Después del viaje la situación no cambió, Paula se rebotaba por cualquier cosa con Laura. Fue un verano de mucha rebeldía y tensión.

Yo me pongo en la situación de Laura y, a pesar de que ella no ha tenido hijos biológicos y de que su vida era muy distinta a la de ahora, creo que yo jamás lo hubiera hecho ni la mitad de bien que lo ha hecho ella, con tanta paciencia y psicología a la vez. ¡Porque había días para desesperarse del todo! Sólo con  esos momentos ya ha demostrado quererme muchísimo.

Ella siempre fue un espíritu libre sin compromisos serios, sin ataduras más que las justas, nada que ver con una vida esclava de horarios, orden, de vigilar la economía. Sin embargo, desde el primer momento se implicó en todo, hasta con los gastos relativos a David y Paula. ¡Todo eso tan solo por querer compartir su vida conmigo!

Nuestro primer verano fue muy bonito, pero a la misma vez con muchas lágrimas. A pesar de todo, empezamos a tramitar todo el papeleo concerniente a nuestra boda, había que empezar un año antes y teníamos fecha para casarnos el 25 de septiembre del 2010, seguíamos teniendo mucha ilusión y la esperanza de que, poco a poco, todo iría a mejor.

Un día, al salir de nuestro trabajo, decidimos pedir ayuda y fuimos a la psicóloga de una asociación LGTBI, la asociación LAMBDA. Hablamos con ella, nos dió algunos consejos y nos dejó un CD con diversos ejemplos de familias con hijos, con problemas y situaciones varias. Nos recomendó asistir con ellos a algunas actividades, cosa que no nos pareció muy posible por la actitud de los chicos, pero visualizar el CD nos ayudó, la verdad, sobre todo a mi, ya que para mi era nueva hasta mi propia situación. Había abierto de pronto varios frentes en mi vida, me atreví a salir del armario, a tener pareja y plantarle cara al mundo, a decirselo a mi familia, a mis hijos, mi entorno laboral… Y todo esto sin saber cual iba a ser la reacción que iba a tener nadie, pero tengo que reconocer que sin la ayuda de Laura no lo hubiera conseguido tantas cosas en tan poco tiempo.

***

Ese verano, Paula y David pasaron el mes de agosto con su padre, lo que supuso una tregua para Anna y Laura, pero… ¿qué pasaría a su regreso?

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